La dificultad de pasar página, cuando ya no nos quieren

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Una opinión de Juan Carlos López Medina - Presidente Nacional Asociación de Padres de Familia Separados


Las rupturas amorosas son sin duda una de las situaciones que más nos hace sufrir a los seres humanos.


Lo más común es experimentar tristeza, tratar de buscar respuestas a la cuestión de qué ha salido mal, ya que la persona que ha sido dejada no entiende ni acepta el hecho de que ya no estén juntos.


Cuando nos dejan tratamos de convencer a la otra persona de que los problemas pueden arreglarse con tiempo, hasta que finalmente nos damos cuenta de que ha acabado, y lo que queremos es evadirnos de esta realidad que tan poco nos gusta. Intentamos autoconvencernos de que ya no nos importa pero realmente no es así y tan sólo buscamos señales que nos puedan dar esperanza de volver con esa persona, nos torturamos con los recuerdos de lo vivido.


Ante un desengaño, ruptura o abandono amoroso, cuando ya no nos quieren, es inevitable pasar por fases de tristeza, desesperación, impotencia… los sueños, las ilusiones, se rompen para una parte u otra de la pareja y suele empezar un calvario, cuya duración depende de cada afectado, que pasa por varias fases:


La primera reacción puede ser de súplica, llorar e implorar su amor. No se pierde la dignidad por decirle a alguien que le amas, pero sí se hace cuando le están diciendo que no te quieren y sigues insistiendo como si no tuvieras valor, como si en tu vida no fueras a tener otra oportunidad de encontrar a alguien que te merezca.


Seguimos con una fase de razonamiento. La persona despechada, que no entiende cómo todo funcionaba bien y de repente todo se desmigaja, intenta a través de razonamientos hacer ver a la otra parte que se ha equivocado, que no va a encontrar a nadie igual, que todo vale la pena por el tiempo invertido y que hay posibilidad de corregir lo que no funcionó.


Ahora se pasa del amor al odio. Se verbaliza que no se quiere saber nada del otro, pero contradictoriamente se buscan mensajes, llamadas o algún indicio de que su ex puede haber recapacitado y volver.


Poco a poco, la vida se va ordenando. Buscamos una adaptación. Como todo proceso de pérdida, uno empieza a encajar en esta nueva etapa de su vida. Empieza a normalizar su rutina, duerme mejor, trabaja como siempre, se relaciona con sus amigos, su ex deja de ser el protagonista de todas las conversaciones y comienza a tener ilusión.


Desde este momento estamos preparado para vivir sin la presencia del ex, no lo recordamos, pasamos a la fase de indiferencia. Y por fin ha pasado a un segundo plano. Esto no significa que si nos encontramos por la calle no nos dé un vuelco el corazón o vuelvan a despertar los buenos y malos recuerdos, pero por la general vive ajeno a su ruptura. Ya no hay desamor, sino un periodo en el que te abres y te sientes seguro.


Fase transversal. Se vive a lo largo de todo el proceso de pérdida y desamor. Y los protagonistas de ella son su apoyo social, aquellos que no le dejan ni a sol ni a sombra para animarle. Son los buenos amigos, esa parte de la familia que siempre está para todo, aquellos que desean siempre su felicidad. Escúchalos, tienen una visión distinta de lo que ha ocurrido y ahora te dirán todo lo que pensaban de forma sincera, opiniones que igual llevaban tiempo callando por respeto a tu relación y sus decisiones. Déjate arrastrar por ellos.


Normalmente vivimos instalados en la velocidad, pero cuando uno se ve inmerso en una ruptura amorosa, parece que todo se ralentiza, que no pasan las horas. Se deja de vivir el presente porque es donde se convive con la tristeza y nos dedicamos a contemplar el pasado como si se pudiera alterar. Existen personas que le dan vueltas y vueltas, fantasean con la posibilidad de regresar en el tiempo y lo verbalizan.


Pero no es posible volver y se puede asegurar que tras unos meses, superado el infierno, a lo mejor la pérdida se ve con otros ojos, incluso se llega a atisbar su parte positiva.


No tenemos que vivir la separación de forma irracional, como si el mundo se acabase después de esa persona amada. La emoción dominante en estos momentos es tan intensa que se piensa que es la única verdad que existe. La forma de evaluar, de interpretar y de plantear la ruptura va a ser la clave para luchar y seguir adelante dignamente. Aceptemos la pérdida, dejemos de hacer reproches, de buscar culpables, de sentirse un miserable…la vida sigue.


El pasado sirve para aprender. Si estás arrepentido de algo, es mejor buscar tu propio perdón que seguir intentando que lo haga el otro, porque si ya no te ama, da igual que hagas muchos méritos por demostrar lo que vales: sencillamente no le atraes porque ya no te quiere.


Guarda esos valores para personas que puedan apreciarte y derrocha tu energía en otras actividades. Tampoco parece buena idea de cara a superar una ruptura pensar que “podemos ser amigos”. Si eso es posible, ya llegará solo; por el momento, la distancia es lo más sano en la mayoría de los casos.


Para terminar quiero regalarte una magnífica frase de Pablo Neruda que define todo nuestro camino en la dificultad de pasar página, “cuando ya no nos quieren”.



Es tan corto el amor y tan largo el olvido…