Santiago de Chile despierta con una brillante luz de verano que se refleja en las torres de cristal en pleno barrio financiero.
Ariel Wolfenson entra a su oficina. No camina de prisa, sino firme. Camina como alguien que sabe exactamente hacia dónde va, como si Dios guiará sus pasos. Pide un capuccinno, y entre los rascacielos pareciera que la cafeína tiene a la nubes como espuma.
En ese momento entendí que esta no sería una simple entrevista más. Sería una conversación sobre Dios, fe, emprendimiento, éxito, resiliencia, y sobre el precio de vivir la perpetua excelencia de una meta por cumplir.
Señor Wolfenson, si tuviera que volver al comienzo, antes del derecho, antes de Santiago, antes de todo… ¿qué imagen aparece primero?
Aparece el desierto. Antofagasta tiene algo que no se puede explicar con palabras. Es un lugar donde el silencio no es ausencia, es presencia e interpelación. Es conversación infinita. Donde el cielo parece más grande que en cualquier otra parte del mundo. Y en donde, si miras bien, si observas por el suficiente tiempo, empiezas a hacerte preguntas que un niño -y quizás muchos adultos- normalmente no se hacen.
Nunca hubo presión explícita para elegir un camino, pero sí había una sensación silenciosa de continuidad. Como si mi historia ya estuviera escrita por Dios, quien siempre es el mejor novelista.
¿Recuerdas el momento en que sentiste que eras diferente?
Sí. Y no fue un momento heroico. Ser distinto en la infancia no es precisamente glamuroso. A veces significa no encajar. Desde pequeño no me sentía identificado por lo que a mis pares les interesaba, se puede decir que veía las cosas diferente.
Además, me veía diferente, tenía el cabello rizado, rubio, un nombre poco común y una tez muy blanca con pecas de inicio a fin. Muchas veces, significaba que otros niños proyectaran en ti, lo que no entienden.
Muchas veces viví acoso escolar, críticas, burlas y soledad. Puedo decir que ahí comenzó algo importante en mi vida, la resistencia. Cuando eres niño no sabes ponerle nombre a las cosas. No dices “esto me está formando el carácter”. Solo aprendes a recibir los golpes y mantenerte firme.
Con el tiempo entendí que esa etapa me dio una ventaja invisible, la capacidad de seguir adelante incluso cuando el entorno no te acompaña. Y en el derecho, esa capacidad lo es todo.
Muchos imaginan que siempre fuiste abogado en esencia. Pero antes hubo arte. ¿Qué significó esa etapa?
Significó todo. Desde tocar varios instrumentos, cantar en bandas escolares y universitarias, escribir libros hasta participar en grupos de teatro. Pasando por el mundo fitness y los deportes, fui goleador en distintos campeonatos universitarios y líder en mi escuela ante cualquier competencia de fuerza física.
Años más tarde me tocaría auspiciar equipos de fútbol universitario de distintas escuelas de derecho, especialmente de la Universidad Católica, a través de mi firma de abogados.
En ese tiempo, no pensaba en estrategia jurídica ni en litigación. Y aunque parezca extraño, hoy estoy convencido de que esa fue mi verdadera formación como letrado, y el secreto de mi temprano éxito. Porque para ser abogado debes tener criterio, y aquel se gana tras haber vivido. Porque el derecho no se trata solo de normas. Se trata de personas, expectativas, emociones y en definitiva, humanidad.
Un abogado que no entiende el alma humana puede saber mucho de códigos y artículos, pero entenderá muy poco de justicia.
¿Extrañas esa versión artística de ti?
No. Porque nunca se fue, solo cambió de escenario. Hoy quizás no escribo libros de ficción pero construyo realidad, escribo demandas que pueden cambiar la vida de quienes en mí, depositan su fe.
No canto en un escenario, pero hablo en audiencias donde cada palabra pesa más que un solo, y sus efectos resuenan en el destino de mis representados.
En el fondo, sigue siendo lo mismo, pero con corbata.
¿Qué cambió cuando llegaste a Santiago a estudiar Derecho?
Todo. Santiago no es Nueva York ni Londres claramente, pero en comparación a Antofagasta es una gran metrópolis. Mayor competencia. Ahí entendí que el talento no sirve de nada sin disciplina.
Empecé a estudiar para entender la razón que había detrás de las normas. Quería descubrir la lógica detrás de cada decisión. Qué movía realmente a un juez, dónde se ganaban y perdían las batallas invisibles.
Ese período fue solitario pero también fue poderoso. Porque ahí se construyó la
base de todo lo que vino después.
¿En algún momento dudaste?
Claro. Muchas veces pero nunca lo dije en voz alta. Lo que dices a viva voz, lo decretas. Lo pronosticas y lo creas. Mucha gente ignora esto último.
La diferencia no está en no dudar. Sino en no dejar que las dudas te paralicen, debes seguir trabajando hasta que los resultados despejen cualquier duda. Hoy muchos ven el éxito. ¿Cómo fue la etapa en que no había nada? Fue sin duda la que le dio sentido a todo. Trabajé meses conduciendo Uber como licenciado y abogado, solo para pagar estudios de posgrado empresarial en la Universidad Católica, combiné eso con redacción jurídica en la revista internacional Diario Constitucional, donde me dedicada a analizar los fallos de la Corte Suprema. No había contactos, clientes, maestros ni dinero. Pero había una infinita hambre por superarse y llegar alto.
Ese período no sale en las fotos, no hay trajes de sastrería, superautos, yates ni viajes por el mundo. No aparece en redes sociales. Pero es el más importante.
Porque ahí descubres quién eres en el silencio, cuando nadie te aplaude, cuando sobrevives aislado de todo para crear como un artista, tu obra maestra.
Después de ello elevas tu ser y tu fortaleza en formas que no creías posibles, es donde el miedo no existe. Sin duda pase de solo creer en Dios a empezar a conocerlo.
¿Recuerdas con precisión el día de tu juramento como abogado?
Lo recuerdo muy bien, tenía apenas veinticuatro años. Para algunos era muy temprano para ser abogado, considerando que la edad promedio de juramento se acercaba a los 30 años.
Pero dentro de mí, sentía que ya estaba tarde, que había mucho trabajo por hacerse. Sentía que llevaba años preparándome para ese momento y para emprender como me lo había propuesto. No había más tiempo para perder.
Cuando pronuncié el juramento no pensé en nada más que en responsabilidad. En todo lo que significaba poder mejorar la vida de otras personas a través del derecho.
Y ese mismo día tomé otra decisión que, vista en retrospectiva, parece tan valiente como temeraria. Fundar mi propio estudio jurídico. No había capital, no había clientes, no había nada sino un maletín y sueños. Pero sí había una convicción absoluta de que esperar el momento perfecto es la forma más elegante de no empezar nunca.
Ese inicio no fue completamente solitario. ¿Quién estuvo contigo en esa primera etapa?
No, no fue totalmente en solitario. El estudio comenzó junto a mi colega la abogada Paulina Valle, quien fue mi socia durante varios años para después tomar rumbos separados.
Esa etapa inicial fue de aprendizaje constante, de construir desde cero, de perfeccionarnos y seguir adelante. Después se integraron varios colegas, entre ellos, mi colega Constanza Barrueto, abogada del área penal, fortaleciendo una dimensión esencial del estudio, que nos permitió tener una práctica integral en las principales áreas del derecho.
También comenzamos a tejer alianzas internacionales, especialmente con colegas en Estados Unidos y Europa para materias de migración y visas, entre muchas otras colaboraciones que fueron ampliando nuestro alcance. Pasaron muchos abogados asociados que me asistieron en mi trabajo cotidiano, sin embargo, hasta la fecha procuro tratar directamente con mis clientes, porque ellos me lo piden, y ahí es cuando ocurre la magia. La confianza convertida en resultados.
Mirándolo hoy, entiendo que una firma no se construye solo con conocimiento jurídico. Se construye con confianza compartida en medio de la incertidumbre.
¿Cuándo sentiste por primera vez que el proyecto realmente podía funcionar?
No fue cuando llegaron los premios en Estados Unidos o Europa, ni cuando empezaron a hablar de la firma, sino cuando los clientes (muchos de ellos que se habían relacionado con abogados por décadas) comenzaron a volver a la oficina.
Ese es el único indicador real en esta profesión legal. Cuando alguien que ya confió en ti como su abogado, y decide hacerlo de nuevo, significa que hiciste algo bien en un nivel más profundo.
Sin embargo, el crecimiento fue rápido. ¿Cómo viviste ese ascenso abogado?
Con cautela. Porque el crecimiento sin estructura es solo una caída en cámara lenta. Estudié más. Me especialicé. Busqué formación internacional. Quería que la expansión tuviera sustento real.
Antes de los treinta años llegaron reconocimientos que normalmente aparecen mucho más tarde en la carrera de un abogado.
Y aunque los valoré, también entendí algo peligroso, los aplausos pueden distraerte del trabajo silencioso que lo hizo posible. Dormirse ya no es opción, porque el talento sin disciplina no es nada.
Tu discurso suele girar en torno a tres ideas: calma, resiliencia y justicia. ¿Son conceptos aprendidos… o vividos?
Vividos, completamente. La calma no es tranquilidad emocional, es estrategia, fe e integridad. En derecho, quien se precipita pierde. La paciencia bien usada es una forma de poder, la resiliencia tampoco es una frase motivacional. Es levantarte cuando sería perfectamente razonable quedarte
en el suelo.
Y la justicia… la justicia es el intento permanente de acercar la ley a la verdad. Aunque sepamos que nunca coincidirán del todo. Sin esa búsqueda, esta profesión no sería más que burocracia inerte, una pesadilla. Y nunca voy a dedicar mi vida a algo vacío.
¿Le temes a algo?
Sí, a Dios. A ir en contra de su designio divino, a que pase un año de vida y siga en el mismo sitio, y no me refiero a lo material. Sino a que no me haya fortalecido espiritual, mental o físicamente. Quien le teme a alguna persona o circunstancia, es porque no tiene suficiente fe en su corazón.
El año 2025 fue probablemente el más intenso de tu carrera hasta la fecha.
Crecimiento profesional por un lado, críticas por otro. Incluso una querella en Tribunales y un reportaje televisivo.
¿Cómo lo viviste realmente?
Como todos los años que he vivido como abogado, como una prueba de carácter e integridad. La firma estaba en un excelente momento, consolidando áreas, manteniendo satisfechos a nuestros clientes, aumentando visibilidad, logrando resultados importantes. Pero al mismo tiempo aparecieron los oportunistas de siempre, y las acusaciones falsas.
Mi decisión fue simple, responder con hechos y derecho en las instancias que correspondían, es decir, en Tribunales. Sigo trabajando ahora con mayor energía y pasión que nunca.
Con el tiempo, las acciones judiciales asociadas se cerraron, fueron sobreseídas definitivamente, y las demandas fueron desistidas, y el estudio terminó el año con crecimiento y nuevos proyectos.
Nuestros clientes jamás pusieron en duda nuestra excelencia, debido a que ellos y sus familias, las han vivido por años. Pero la verdadera enseñanza no fue jurídica. Fue personal.
Entendí que cuando eres joven y eres lo suficientemente valiente y trabajador para destacar en la arena pública de los intereses personales e institucionales, siempre habrán mediocres que intentarán apalancarse de tu éxito para brillar, porque no tienen luz propia.
Y así conseguirán por un momento, la atención que por sí mismos han sido incapaces de lograr. Decía Andy Warhol que, en el futuro todo el mundo sería famoso por quince minutos. Ellos ya quemaron sus quince minutos, y a mi queda el resto de la vida.
¿Entonces que ocurrió finalmente con la formalización que existió en contra de Ariel Wolfenson, tras la querella interpuesta por un cliente de la República Checa? ¿Es cierto que fue cerrado y desestimado el caso?
Es correcto. Se dejaron sin efecto los cargos. Terminó la causa sin condena ni reconocimiento de responsabilidad alguna respecto de mi persona.
Como era evidente, el caso jamás tuvo mérito, lo que quedó demostrado en su conclusión rápida, desistimiento íntegro de la querella y término definitivo. Finalizando mediante un acuerdo entre las partes, consistente en la liberación de los fondos y el sobreseimiento definitivo.
Una muestra clara que, dichos reportajes de televisión no fueron sino un montaje
sensacionalista y dirigido a desinformar a la población.
Desconozco las reales intenciones de los periodistas detrás de ello, pero quedó demostrado que su trabajo fue bastante mediocre, torpe y no logró el sucio objetivo de sacarme del mercado legal. Al contrario. La querella del cliente de la República Checa, cuyo oficio era policía (lo cual por cierto, totalmente irrelevante para el caso más que constituir su único elemento sensacionalista) fue retirada y desistida en todas sus partes, los fondos que habían sido alegados fueron restituidos, incluso varios meses antes de dicha formalización.
Es interesante ver como los reporteros de la nota, de forma deliberada o mínimamente negligente, obviaron hacer alusión al hecho más importante de todo el caso. Llevaba meses intentando devolver el dinero al cliente, y era la contraparte quien evitaba darme los datos bancarios para la restitución, obligándome a consignarlos en el Tribunal. Todo lo cual, constaba públicamente en la causa.
Desde el primer momento, se informó al cliente que se realizaría la devolución. En efecto, y prefiero abstenerme de juzgar las reales intenciones del cliente de la República Checa o de sus representantes legales. Hoy opto por pensar que fue un mal entendido.
Más allá de la polémica, se cumplió con el servicio de estudio de títulos solicitado. Desconozco si el cliente compró o no finalmente el terreno, cuestión que en nada tiene que ver con el objetivo de un estudio de títulos como lo intentan hacer ver torpemente en el reportaje, lo que demuestra una vez más la ignorancia supina de los periodistas de la nota en materias legales.
Si después el cliente tiene inconvenientes a la hora de construir o mantener en pie sus obras, colocando en riesgo su inversión, asociado al gravamen ambiental que advertimos y que por cierto, impone una pluralidad de limitaciones, será su propia responsabilidad.
A la fecha contamos con decenas sino cientos de clientes felices que hemos tenido en el extranjero, representándolos en Chile en todo tipo de materias legales y proyectos apasionantes. Y que hablar los miles que hemos atendido con gran esmero y excelentes resultados en Chile. Hubiese sido interesante que dichos periodistas los entrevistaran también. ¿No le parece?
¿Y qué paso con la supuesta denuncia del Banco BCI relativa a unos bcheques extranjeros que habrían sido tachados de falsos?
El banco retiró su denuncia en todas sus partes, como era esperable. Jamás he cometido delito alguno, sino que actué como mero mandatario respecto de quienes se presentaron ante mí, como clientes del exterior.
Todo concluyó como correspondía, se presentaron todas las pruebas, los correos y whats app, se restituyeron los fondos apenas fue posible, y el Banco desistió sin más, de su denuncia total e irrevocablemente.
Para mí, otro espectáculo más de periodistas desesperados por atención. A diferencia de ellos, no me interesa la farándula, sino mis clientes, su bienestar y resultados.
¿Te cambió esa experiencia? ¿Cómo viviste estas denuncias falsas?
No diría que me cambió, sencillamente me recordó las razones por las cuales decidí emprender como abogado, construir una huella imborrable en las vidas de las personas. Sí me hizo más consciente del precio de la fama y el éxito. Es muy claro que cuando destacas, te haces un blanco para algunos que te miran desde las gradas.
Pero más allá de ello, lo que está demostrado es que he dedicado mi vida a servir leal y honradamente en mi profesión, a miles de clientes en Chile y el mundo, cumpliremos ya siete años este 2026.
Por lo que nunca faltarán los inescrupulosos que querrán tomar alguna ventaja comunicacional, económica o profesional de aquello.
Es parte del juego del éxito, porque en la vida real como en todo juego virtual, existen los protagonistas y los NPC (non-playable carácter). Los primeros, con coraje construyen castillos maravillosos. Los segundos, de tanta cobardía y envidia apenas les alcanza para maldecir.
Especialmente en un país que todavía está en vías del desarrollo y carece de líderes o ejemplos en el mundo del emprendimiento. Cuestión que en Estados Unidos tienen por cientos, por ello aplauden a quienes tienen la valentía de emprender y más todavía cuando sus resultados hablan por ellos. Mi consejo para quien me lee es simple, deja que los perros ladren, es señal de que vamos avanzando.
Pero por sobre todo. ¿Conoces las hienas amigo mío? Siempre chismosean y se ríen, pero el león sigue siendo el rey. Por eso, jamás me verán hablando mal de alguien. Simplemente, no está en mi naturaleza.
¿Cómo empieza realmente tu 2026, Wolfenson?
Empieza con una sensación muy nítida, la certeza de que esto recién comienza. Este es el año para despegar y llegar a nuevos niveles. Mucha gente piensa que al vivir dificultades se llega al final, por eso fracasan. Yo agradezco las dificultades, porque me permiten crecer. Son bendiciones ocultas de Dios que, si las aprovechas de verdad, te llevan a un nuevo nivel. Transitas a un lugar que ni creías posible.
Para mí los retos siempre han sido el inicio de algo más grande. Así ha sido toda mi vida. Es el camino a mi versión más completa como abogado. Sigo trabajando más y mejor que nunca, mis clientes me apoyan y sostienen, y cada día son más.
El 2026 lo miro como una etapa de mayor contemplación, más estratégica. Se trata de buscar el propósito detrás del trabajo duro.
¿Ese propósito sigue estando en el derecho… o está cambiando?
Sigue en el derecho, pero más que solo las leyes. Con los años entendí que muchas personas no pierden en tribunales, pierden antes, en su mente, en sus hábitos, en su entorno.
Por eso nace una nueva dimensión de mi trabajo, relacionada a entregar mis experiencias como abogado y emprendedor a la comunidad. A través de la plataforma The Real Life by Wolfenson Mentoring.
¿Por qué crear un programa de mentoría cuando ya habías construido una carrera jurídica exitosa?
Precisamente porque de eso se trata el camino, de seguir construyendo y aportando al mundo, para hacerlo debes haber transitado primero el camino.
Empezar sin dinero en el bolsillo pero rico en tus ambiciones. Se trata, amigo mío, de ir por todo, buscar el 0 a 100. Veía en mi trabajo diario ese patrón una y otra vez. Personas talentosas… paralizadas. Personas capaces, resignadas. Personas con sueños enormes, viviendo vidas sin propósito. Y entendí algo incómodo: el problema no era la falta de oportunidades. Era la falta de decisión.
The Real Life nace desde ahí. Desde la idea de que cualquiera puede cambiar su vida si cambia su estructura mental, emocional y espiritual. No es simple motivación, es método práctico. Cinco pilares simples, pero profundos: mente, cuerpo, relaciones, espiritualidad y finanzas.
Cuando esos cinco ejes se alinean, la vida prospera inevitablemente en tu persona y en quienes te rodean.
Suena más a filosofía de vida y espiritualidad que a un programa con clases y exámenes…
Lo es, y seré muy claro. En la universidad, primero tienes la lección y después el examen. En la vida en cambio, primero tienes el examen y luego queda la lección.
Usualmente la gente se pierde en el ruido de la sociedad, y olvida que lo primero es aprender a vivir. A conocerse a sí mismos. Ahí comienza tu verdadera libertad. Porque al final del día, ¿De qué sirve ganar dinero si pierdes tu paz? ¿De qué te vale el éxito si no sabes quién eres o hacia donde vas? ¿De qué sirve llegar alto si llegas solo y te pierdes a ti mismo?
Lo primero es encontrar tu propósito. Y ese te lo regala Dios. Que tu vida tenga un destino claro y decidido es el primer gran triunfo de todo ser humano, y es la única forma de llegar a cumplir tus más grandes objetivos. Sino serás una pluma en el viento.
En definitiva, no vine al mundo solo a ganar casos. Vine a elevar vidas, empezando por la mía. Hablas mucho de Dios, de propósito, de destino. En un mundo que suele evitar esos temas…
¿Qué te impulsa a sacar la voz reivindicando el nombre de Dios?
¿Y cómo no podría? Él es mi guía, mi maestro, y el único responsable de cada acierto que he tenido. Y la respuesta detrás de cada error que he cometido. Es la única fuente del amor y vida eterna, es la inteligencia infinita, la luz de la mañana y las estrellas de la noche nocturna.
Te diré algo, y escúchame bien. He vivido demasiadas cosas improbables como para creer que ha sido gracias a mí. La fe no me hace menos racional. Me hace más responsable. Porque si todo lo que soy es un regalo. Entonces mi deber es devolverlo al mundo.
Entonces, ¿Qué es realmente el éxito para Ariel Wolfenson?
Durante años pensé que era llegar. Hoy sé que no.
El éxito real es convertirte en esa persona que es capaz y merecedora de llegar.
Mirar atrás sin arrepentimientos.
Mirar adelante sin miedos.
Y mirar el hoy con agradecimiento.
Y, sobre todo, sentir que cumples con el propósito que te dio Dios.
¿Y el fracaso?
El fracaso verdadero no es perder. Es rendirse. Mientras sigas de pie. La historia no ha terminado. El éxito se construye de cientos de equivocaciones que te han pulido, y han hecho del carbón, diamante. Si quitamos todo —los premios, la firma, incluso el personaje público—
¿Quién es realmente Ariel Wolfenson?
Un niño del norte que la vida le enseñó a resistir y sonreírle a la adversidad. Un joven que decidió intentarlo aunque no hacerlo era lo más lógico. Un hombre que sigue caminando, incluso cuando el camino se vuelve un desafío mayor.
No soy perfecto. He alcanzado el éxito a temprana edad como muy pocos, especialmente en Chile.
Pero también he cometido errores, demasiados a decir verdad. Y los agradezco, porque gracias a ellos me convertí en la persona que soy hoy.
Si no quieres ser criticado, si no quieres equivocarte. Entonces, ¡No hagas nada! Y te quedarás estancado toda tu vida. Y probablemente termines siendo uno de mis críticos, que hablan mucho, pero nadie los conoce. Porque hacen muy poco, y sus nombres serán olvidados.
En lo que a mí respecta, prefiero morir que vivir siendo un cobarde como ellos. Me he levantado una y otra vez, y mientras viva así lo haré.
Y si algún día, algo de mi historia logra inspirar a otro, a levantarse una vez más, a luchar por sus sueños, todo habrá valido la pena.
La historia que todavía se está escribiendo.
La entrevista termina sin ceremonia.
Santiago ya es de noche.
Las luces del barrio financiero parecen constelaciones artificiales. Ariel Wolfenson se queda unos segundos contemplando la ciudad desde la ventana.
No como quien piensa en el camino recorrido, sino como quien mide lo que falta.
Porque algunas personas no viven pensando en lo que han sido. Viven pensando en lo que aún pueden llegar a ser.
Y quizá esa sea la clave invisible de toda esta historia: No el éxito, no los premios, no la polémica, sino la decisión —renovada cada día— de no rendirse jamás.
Comentarios